Arte, Dante Gabriel Rossetti, Pintura del XIX

Pía de Tolomei: Dante Gabriel Rossetti

Pía de Tolomei y su trágica historia, mencionada por Dante Alighieri en uno de los pasajes de La Divina Comedia -en su quinto canto en el viaje por el Purgatorio-, de manera parca (apenas seis versos), pero puestos probablemente en uno de los momentos de mayor intensidad dramática de la obra, hace destacar de manera impactante su historia del resto de historias de entre los que han muerto víctimas de alguna violencia y que va narrando Dante en su viaje por el Purgatorio.

La obra fue representada en Londres en 1856 y 1857, lo que quizá fuese motivo de inspiración para Rossetti, que además de pintor, desde muy temprana edad, mostró un gran interés en la literatura y fue el encargado de la traducción de los seis versos aludidos (la inclusión de citas poéticas -en ocasiones de poemas suyos- era una característica de Rossetti).

Aunque no se tiene mucha documentación sobre el personaje, los críticos la sitúan en Siena, que había sido recluida por su marido, Nello de la Pietra, en una fortaleza de Maremma en la Toscana.

La obra:

Fotografía de Jane Morris por John Robert Parsons, 1865.

Fotografía de Jane Morris por John Robert Parsons, 1865.

Como modelo, Rossetti utilizó a Jane Morris que por entonces tenía 29 años de edad. Con el cabello fluido, los labios carnosos y los grandes ojos, aparece como el símbolo de lo femenino, esa feminidad y alejamiento continuo de los Prerafaelistas, hizo que Rossetti y Ruskin al que les unía una intensa amistad y nexo artístico durante más de diez años, provocó un distanciamiento entre ellos, pues Ruskin no era partícipe de lo voluptuosa y sensual que iba cobrando con el paso del tiempo la obra de Rossetti.

Jane Morris

Jane Morris

En el cuadro, aparece Pía enmarcada por una yedra, símbolo de fidelidad, es de significar como acaricia su anillo de matrimonio.

Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), La Pia de Tolomei, 1868-1880. Óleo sobre lienzo, 105,4 × 120,6 cm. Helen Foresman Spencer Museum of Art.

Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), La Pia de Tolomei, 1868-1880. Óleo sobre lienzo, 105,4 × 120,6 cm. Helen Foresman Spencer Museum of Art.

También se hace latente su tristeza, la que nos muestra de manera inequívoca la mirada de sus ojos, una mirada casi perdida. El reloj de sol (Parte inferior izquierda del cuadro) aparece como queriendo señalar el tiempo de vida que le queda, pues unido a los grajos que sobrevuelan la parte superior izquierda del cuadro, parecen ser el presagio de la trágica muerte que sufrió por orden de su marido, (fue lanzada por la ventana de su aposento en su encierro). El rosario negro y el libro de devociones, aluden a su nombre, la Piadosa; y las cartas de su marido aparecen esparcidas como indicando los relatos de un descuidado, falso y cruel amor.

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Simbolismo

La Escuela de Platón. Jean Delville: (Otro pintor olvidado)

"El arte, lo es, si confluyen tres factores: la belleza espiritual, la belleza plástica y la belleza técnica." Jean Delville”.

“El arte, lo es, si confluyen tres factores: la belleza espiritual, la belleza plástica y la belleza técnica.” Jean Delville”.

Jean Delville (19 de enero de 1867, Lovaina, Bélgica-19 de enero de 1953, Región de Bruselas-Capital, Bélgica) Pintor, escritor y ocultista. Perteneció al Simbolismo, movimiento poético-pictórico aparecido en Francia a fines del siglo XIX.

Formado académicamente en La Escuela de Bellas Artes de Bruselas en compañía de Eugéne Laermans o Víctor Horta, expone por primera vez y de manera simultánea a sus estudios a la edad de veinte años. No obstante, en esta época comienza a mostrar una creciente pasión por las denominadas ciencias ocultas, ocultismo,… dando un giro sustancial a su temática. Un cambio e interés que adquiere solidez cuando se traslada a París, allá por 1889, y entra en contacto con el ocultista Joséphin Péladam (descendiente de magos persas, según sus palabras), fundador del Círculo Rosa-Cruz y en el cual Delville expondrá repetidas veces entre 1892 y 1895. Influido por el Renacimiento italiano, autores tales como: Rafael, Leonardo o Miguel Ángel, resultaron esenciales en la conformación de su estilo personal.

Tomo de TERRA DE SOMNIS II

<<Muchas veces, los hombres y mujeres de éste siglo XXI, nos creemos que estamos viviendo una época original, diferente,  superior  a todo lo anterior. En realidad, cuando miramos atrás, descubrimos que en toda época los seres humanos hemos estado dando vueltas alrrededor de los mismos problemas, buscando soluciones muy semejantes y recurriendo con mucha aproximación a las mismas fuentes y recursos.

A finales del S.XIX, una generación excepcional de artístas de todas las artes, trató de dar respuestas a las necesidades de su tiempo, buscando y encontrando, nuevos caminos, embarcándose a menudo, en largos viajes en los que comprometieron su vida hasta las últimas consecuencias.

Hoy esos caminos, nos pueden parecer novedosos, o trillados, depende de nuestro nivel de experiencia, pero sin duda hemos de saber reconocer el valor y el coraje, con el que algunos de ellos supieron llevarlos a término.

Éste es el caso del pintor que hoy nos ocupa: Jean Delville, injustamente olvidado por los grandes tratados de la historia del arte -como muchísimos otros de sus iguales- quizás, porque supo mantenerse fiel a sus concepciones, aunque eso le significara apartarse de los círculos más influyentes del mercado del arte>>.

La obra: La escuela de Platón (Haz clic en la imagen para ampliar)

Jean Delville, L'école de Platon en 1898. Óleo sobre lienzo, H. 2.6m ; L. 6.05m. Musée d'Orsay, Paris, France.

Jean Delville, L’école de Platon en 1898. Óleo sobre lienzo, H. 2.6m ; L. 6.05m. Musée d’Orsay, Paris, France.

La Escuela de Platón, decoración destinada a la Sorbona que jamás se colocó, es a más de un título, una obra sobrecogedora. Sus dimensiones monumentales, la ambición de su propósito, una interpretación de la filosofía clásica vista por el prisma del ideal simbolista, señalan en seguida la singularidad de la obra. El manifiesto proclama sus referencias, de Rafael a Puvis de Chavannes; pero las embellece de la extraña seducción de una gama cromática obviamente irreal. La ambigüedad que se desprende de este manierismo fin de siglo, nubla a propósito, cualquier frontera entre pureza y sensualidad.

Detalle (1)

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La obra contiene una inagotable presencia de espiritualidad y sensualidad, pues es absolutamente explícita la teatralidad inconfundible de Jesús y los Apóstoles, donde es Platón en el “papel” de Jesús, quien orienta a sus discípulos (los apóstoles). En principio ele cuadro, llevaba por título “Platón y sus alumnos” y, es probablemente debido a la desnudez de sus alumnos (Apóstoles) por lo que tuviera que cambiar el título, para enmascarar el paralelismo religioso tan obvio. Como se observa, Platón está vestido y barbudo como Cristo, por otra parte, los personajes dispuestos alrededor, exhiben pureza y a la vez sensualidad, aparentemente andróginos, al detalle se observa el formidable erotismo que proponen sus posturas, miradas, apoyos…

Detalle (2)

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Detalle (3)

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EL resultado, una deliciosa obra que tuve el inmenso placer de ver en el Musée d’Orsay.

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“Il bacio” (El beso). Francesco Hayez

Francesco Hayez (1791-1882), Autorretrato en un grupo de amigos (1824-1827). Óleo sobre lienzo. Museo Poldi Pezzoli, Milán. Italia.

Francesco Hayez (1791-1882), Autorretrato en un grupo de amigos (1824-1827). Óleo sobre lienzo. Museo Poldi Pezzoli, Milán. Italia.

Francesco Hayez (Venecia, 10 de febrero de 1791 – Milán, 21 de diciembre de 1882), Puede decirse que Hayez fue la figura central que marcó la transición del neoclasicismo al romanticismo en Italia, considerado el máximo exponente del romanticismo histórico fue un  pintor que junto con Giuseppe Verdi y Alessandro Manzoni representa un mito dentro del Resurgimiento italiano. Conocido por su pintura de tipo histórico, bíblico o alegórica a hechos políticos o narraciones literarias y figuras de bellas mujeres en actitudes eróticas. Fue discípulo de Magiotto, Matteini y Cánova a cuyo lado estuvo trabajando en Roma hasta 1814.

Originario de una familia humilde, el padre, Giovanni era de origen francés, mientras su madre, Chiara Torcella, era natural de Murano. El pequeño Francesco, último de cinco hijos, fue ahijado por una tía materna que había casado con Giovanni Binasco, armador y marchante de arte, propietario de una discreta colección de pintura.

Ya de pequeño mostró predisposición por el diseño, por lo que su tío lo confió a un restaurador para que le enseñase el oficio. Posteriormente fue discípulo del pintor Francisco Magiotto, con quien permaneció durante tres años. Hizo el primer curso de desnudo en 1803 y en 1806 fue admitido a los cursos de pintura de la Nueva Academia de Bellas Artes, donde fue discípulo de Theodore Matteini.

En 1809 ganó un concurso de la Academia de Venecia para ser alumno de la Academia de San Luca cerca de Roma. Por ello se trasladó a la capital, donde pasó a ser discípulo de Canova quien fue su guía y protector durante los años romanos.

En el 1814 se marchó de Roma tras una agresión, al parecer por una relación sentimental. Fue a vivir a Nápoles donde le fue encargada por Joachim Murat la pintura Ulisse en la corte de Alcinoo.

Desde 1850 dirigió la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán.

Francesco Hayez, “Il bacio” (El Beso), 1859, Óleo sobre lienzo, 112x90cm. Pinacoteca di Brera, Milán.

Francesco Hayez, “Il bacio” (El Beso), 1859, Óleo sobre lienzo, 112x90cm. Pinacoteca di Brera, Milán.

Il Bacio, fue un encargo de Alfonso Maria Visconti de Saliceto, quien antes de su muerte, en 1886, lo donó a la Pinacoteca de Brera de la Academia, donde todavía se conserva y expone.

Además de esta pintura, el artista creó tres réplicas de la misma materia, de las cuales dos versiones se encuentran en colecciones privadas, una de ellas a los herederos de la hermana de la modelo del cuadro, Carolina Zucchi,  en esta versión que regaló a Carolina Zuchi, Hayet sustituye el blanco encaje de la manga de la mujer por una túnica o velo blanco tirada a los pies de ambos y en la última versión, pintada en 1861 la mujer ya no lleva un traje azul sino blanco como dando a entender que la Italia unificada ya no necesitaba a Francia para continuar su construcción como una nueva nación.

Componente Histórico:

La pintura se convirtió inmediatamente popular desde su presentación en Brera el 9 de septiembre de 1859, tres meses después de la entrada triunfal en Milan de Vittorio Emanuele II y Napoleón III, los aliados victoriosos contra el Imperio austriaco. Es la primera descripción que Francesco Hayez dio sobre el tema de la Unificación, un verdadero presagio de crecimiento para la joven nación – este es el significado del subtítulo el beso anhelo de los dos jóvenes alusión a la alianza entre Italia y Francia durante las guerras de independencia.

El abrazo entre las dos naciones dieron a luz a la nueva Italia, y los colores de los vestidos de los dos amantes, producidos con gran carácter matérico, recuerdan las de las dos banderas nacionales (el manto blanco, medias rojas, un sombrero verde y la solapa de la chaqueta y, finalmente, el azul del vestido de la mujer). La intensidad emocional de la escena se hace más fuerte por la sombra inquietante que aparece en las escaleras en el lado izquierdo, de gran alcance que sugiere una sensación de peligro, tal vez la expresión de la preocupación de Hayez y sus contemporáneos sobre la consecución del sueño Risorgimento.

La obra:

Detalle (1)

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Independientemente del aspecto histórico que pueda representar esta obra, las razones del éxito de esta obra, reside no sólo en la excelente calidad de ejecución, su impecable y hábil técnica pictórica – la mezcla entre teatralidad y naturalidad- sino también en el carácter universal de la materia (la fuerza del amor) y en la capacidad para personificar los ideales de Mazzini.

En este contexto, lo que inmediatamente impresiona al observador es la enorme sensualidad que viene del abrazo de dos amantes.

Este vínculo es tan fuerte que para eliminar cualquier conflicto, como el frío azul de la vestimenta de la mujer y el color del hombre vestido de caliente (que tiene las piernas colocadas a fin de satisfacer la inclinación sensual del cuerpo de la mujer). El hombre, besando a su amada, se basa en la pierna en el paso; ¿es el beso de la pareja justo antes de que estos se abandonen completamente a la pasión del momento? O se trata de una despedida, esa doble visión, es un atractivo más para el espectador, pues,  puede comunicar igual una despedida que un encuentro.  El hombre y la mujer se besan en secreto, como si estuvieran en un lugar prohibido: la mano de la mujer acusa la pasión, mientras que el hombre acaricia con suavidad su rostro. La poética sombra de la derecha dirige nuestra atención hacía el largo de su sensual falda de seda drapeada  de impecable factura.

El Beso de Francesco Hayez es un beso arriesgado, vacilante entre el placer y el miedo, climático, deseado, sensual… La genialidad de Hayez está en lograr transmitirnos ese sentimiento de urgencia, peligro, clímax en una pintura, casi a la manera de una fotografía. El espectador reconoce un beso robado, por haberlo vivido o por haberlo soñado. Sin duda, este Beso puede considerarse como uno de los más intensos de la historia del arte occidental.

Detalle (2)

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